
Gaspar Zarrías está ligado a la política andaluza desde el primer minuto de partido y a la provincia de Jaén como un grano a un reloj de arena. En sus dieciséis años de secretario general del PSOE no se ha movido una hoja en la provincia sin que él lo supiese, pero si, además, la hoja caía, él estaba allí para comprobarlo. Ese conocido don de la ubicuidad le ha permitido estar en las sopas y en las tajadas, en lo importante y en el detalle, en la acción política y en los vericuetos orgánicos. Todo llevaba su sello. Ese afán expansivo lo encaramó a lo más alto del partido, pero también le generó suspicacias y recelos internos, algunos suavizados y maquillados con el discurrir de los años y otros, definitivamente, no.