Me sorprende sobremanera que haya quienes pongan el grito en el cielo por la moción de censura de La Carolina que arrebatará el Gobierno a Ángeles Férriz. Y es que la democracia tiene mucho de matemáticas y cuando los números se dan la vuelta no hay motivo que frene los deseos de un grupo en la oposición para hacerse con la Alcaldía.
En esto de la política está todo inventado y los mismos argumentos se utilizan por partidos enfrentados para justificar sus deseos. Así, Ángeles Férriz se apoya en que fue el partido más votado en los últimos comicios. No le falta razón, pero si ese es el pilar de su argumentario, le hace un flaco favor a su colega Peñalver, alcaldesa de la capital, quien gobierna sin ser el partido más votado, ya que el PP obtuvo un mayor número de sufragios en la pasada cita con las urnas. Pero esos mismos argumentos los escuchamos en boca de los dirigentes populares jiennenses para referirse a la capital y ahora parecen tener amnesia si se aplica el caso a La Carolina. Sería ciertamente extraño encontrar un partido que pudiera gobernar con apoyo y afirmara: “No , yo no pienso gobernar porque no fui el partido más votado. ¡Válgame Dios si yo hago eso! Hale, hale, que gobierne el más votado que para eso obtuvo más apoyo en las urnas y que viva la democracia”. Absolutamente irreal.
Además, curiosamente, con esto de la matemática democrática, al final el que se lleva el gato al agua es precisamente el partido minoritario, el que menos votos obtuvo y el que menos apoyo recibió de los ciudadanos en los comicios municipales. En los casos que nos competen, los Independientes por La Carolina de José Rodríguez y la Izquierda Unida de José Luis Cano. A mar revuelto, ganancia de pescadores.
Total, que llegados a este punto, al pan, pan y al vino, vino. El objetivo de los partidos políticos, con independencia de su color, es hacerse con el poder o mantenerse en él a costa de lo que sea y si dos más dos son cuatro y eso les permite gobernar, no duden de que así será. Todo lo demás son argumentarios ya un tanto manidos que ni ellos mismos se creen y que utilizan a su antojo según les sople el viento.
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