En el pretendido duelo verbal de Ibrahimovic con Guardiola, el jugador calificó de “filósofo” al culto entrenador de fútbol. Parece que la pretensión era insultarlo con esa definición de alta nobleza intelectual, que quizás sea exagerada para integrarla en el perfil del catalán, aunque sirve para recordar la singularidad de su lenguaje en un ambiente en el que están de moda los tatuajes que antaño identificaban a piratas y corsarios.




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